miércoles, 3 de febrero de 2010

Let go.

La habitación se llena de notas tristes que van dejando una estela azul-verdosa a su paso. Imagino lo que nunca he visto, las luces del norte, danzando sobre mi cabeza. Pongo las manos sobre los audífonos e intento, a fuerza de presionarlos, obligar al sonido a llenarme por completo. Ya sé que todo lo hago porque intento escapar. Estoy tratando de evadirme de la realidad concentrándome en estímulos que ahogan mis sentidos. No importa lo que haga, una frase se repite de fondo en mi cabeza. "Let go". Está bien. Tenso el cuerpo una vez más y siento cómo la humedad llena los bordes de mis párpados. Está bien. Imagino una estrella que se rompe en mil pedazos en mi pecho y los cristales se pierden en la inmensidad de la obscuridad que me rodea. El color de las notas se va disipando y poco a poco regreso. Está bien. Abro los ojos y exhalo. Estoy bien. Voy a dejar que las cosas pasen. Escucho un última vez el sonido: "Just let go"

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